sábado, 10 de enero de 2015

Buen comienzo del 2015 y mucho frio

Antes de nada, felicitar el 2015 a quien pueda leer esto. Jornada de mucho frío, pero al menos, con recompensa.

Hacía tiempo que no me traía algo interesante para casa, y ya tenía ganas. Esta adicción, vicio, enfermedad o como quiera llamarse, de la pesca, está acabando conmigo. Mi salud no es muy boyante precisamente, si añadimos que últimamente he papado mucho frío por culpa de esta obsesión.. resulta muy mala mezcla. En Diciembre, como ya me sucediera en verano, contraje una infección de garganta de caballo. Resultado: una semana a antibióticos, tirado en cama, con fiebre alta y el miedo metido en el cuerpo.

Siempre me pasa igual. Hace frío, se que hace frío, mucho frío, pero al final acabo metalizándome y engañándome a mi mismo para auto-sugestionarme de que no hace tanto frío. Pero realmente si lo hace, y una vez que estoy en vereda me doy de bruces con la realidad, pero yo aguanto y aguanto. Todo esto lo tomo como experiencia y aprendizaje para años venideros. A finales de este, le diré a mi mujer que me esconda la caña de Diciembre a Marzo para no tener tentación.

Hoy después de casi un mes en dique seco, me apetecía mojar sedal. Me baje prontito para coger la mejor temperatura posible. Se nota que solo los enfermos osamos enfrentarnos a los elementos. De hecho solo quedamos cuatro gatos en el muelle, el resto, tienen dos dedos de frente y esperan a que las condiciones sean mejores para disfrutar de la pesca. Añoro muchísimo las noches de verano en las que pescaba en manga corta y a gustito.

Hoy también hacia frío. Baje abrigado hasta las trancas como de costumbre, pero nunca es suficiente. Finalmente pude hacerme con un bonito ejemplar de 400 gramos. Me dio buena lucha y satisfacción al llevarlo a tierra. Esperemos que las temperaturas comiencen a elevarse dentro de poco, esto es inhumano, al menos para mí.


Un Saludo y Buena Pesca!

sábado, 29 de noviembre de 2014

Pedazo de pepinos

Hoy he finalmente me he hecho titular de mi primera "barra de pan". Por suerte fue acompañada con una pareja de baile inmejorable.

Llevaba ya un par de días sacando buenas piezas, pero se me resistía ser acreedor de una de esa que dices "Guau!". Por el contrario, si que veía a mis compañeros de muelle sacar alguna de vez en cuando, y yo me preguntaba.. "algún día me tocara a mi?". Hoy por suerte, fue ese día.

La jornada la comencé temprano. No espere al ocaso y me persone en el lugar una hora o así antes del mismo. Llegue, monte el tenderete y me dispuse a lanzar. No había nadie mas en el muelle pescando. No tenia mucha esperanza en coger nada hasta que no bajase la luz del día y encendiesen los focos, pero me apetecía ir perfeccionando la técnica de lance y de paso coger un buen sitio para lo que restaba de noche. Hay que añadir a todo esto, que los días son mas cortos y las temperaturas mas bajas, con lo cual, conviene recogerse antes.

En uno de los lances, percibo muchísimo peso en la caña. La primera sensación fue de que había enganchado un buen matojo de algas, pero a los pocos segundos noto sendos tirones. Comienza la pelea. Jamás había tenido la caña tan doblada por culpa de una pieza. La batalla fue intensa, divertida, excitante. Cuando observo asomar la cabeza del calamar por encima del agua lanzando regueros de agua al viento, no salgo de mi asombro. Voy trayéndolo con firmeza, y una vez arrimado al muelle, rezo por que no se suelte al levantarlo. Una vez posado en la piedra, me quedo absorto durante un minuto contemplando la belleza del animal que me ha hecho disfrutar de uno de los mejores momentos de pesca de mi vida. El cubo que tengo no me sirve. Me dirijo al coche y traigo una bolsa para guardarlo a mi vera. Continuo pescando, y cada cierto tiempo, no puedo evitar girar la cabeza para echarle una visual mi gran proeza.

La noche cae y otros pescadores hacen acto de presencia. Me congratulan por la gran captura. Poco mas tarde noto otro fuerte tirón. Esta vez la sensación es distinta. Lo voy trayendo poco a poco pero sin pausa. Al llegar a la superficie veo un choco enorme abrazado a mi potera. Esto no es todo, detrás de el, rivalizando por hacerse con el pequeño señuelo de plástico, otro choco de igual porte. Lo mantengo en la superficie del agua para que alguno de mis compañeros intenten capturar a la pareja de baile del que tengo atrapado. No hubo fortuna. Después de un par de minutos, y observando la obsesión del segundo por mi potera, decido sacar el mio del agua para que se centre en las poteras de los demás. Tras esto, se precipito raudo y veloz hacia la oscuridad del fondo haciendo caso omiso de los demás manjares.

Al rato capture otro buen calamar, pero al lado del primero, parecía extrañamente pequeño. El frío empezaba a hacer acto de presencia. Yo ya había conseguido grandes capturas y había que dejar para los demás, con lo cual, decidí dar por concluida la maravillosa jornada. El resultado final fue un calamar de medio kilo, un choco de medio kilo y un calamar de 300 gramos. Mi récord y una tarde-noche redonda.





Un Saludo y Buena Pesca!

lunes, 24 de noviembre de 2014

Esto comienza a crecer


Con la llegada del frió, según aseguran los sabios del lugar, llegan las capturas de buen porte. Doy testimonio de ello.

Desde hace días se nota ya la bajada de temperaturas, no obstante, muy tardías para la época del año. Según los expertos en materia, esto hace que los ejemplares grandes se metan en las rías y se saquen las míticas "barras de pan".

Hacia tiempo que no bajaba. Ayer solo conseguí hacerme con un ejemplar, pero mereció la pena. Cuando note la picada, tiraba y hacia fuerza como un demonio. Luego la recogida y levantamiento estuvieron cargados de adrenalina y tensión por el temor a perder tan magnifico bicharraco. Comprobé que el cubo que normalmente uso para estos menesteres se me queda pequeño para esta época del año. El parto fue poco doloroso, la criatura peso 300 grs. y me premio con un gran momento de pesca.


Hoy con la ilusión a tope y las ganas de hacerme valedor otra vez de un buen bicho, volví a bajar. La noche no defraudo. Tres horas de lances estériles y empezando a sucumbir al castigo del frío, decido como el ritual de costumbre, fumarme un cigarro y recoger. A mitad de pitillo, noto un zambombazo tremendo en la caña. Emocionado comienzo mi lucha con el animal, buena pelea, por cierto. Finalmente logre sacarlo y llevármelo a casa. Un bonito ejemplar de 350 gramos., mi récord hasta la fecha.



Un Saludo y Buena Pesca!

miércoles, 29 de octubre de 2014

Las cosas se vuelven normales

Después del desaliento sufrido en mis primeras salidas al muelle, poco a poco, dejo de notar la hostilidad del principio

Esta entrada no la hago por las capturas, que las he tenido buenas, si no más bien por las sensaciones. Desde la primera vez que puse los pies en el muelle, ya han pasado varias jornadas. Poco a poco, me he ido sintiendo más integrado, no de manera activa, ya que soy muy tímido por naturaleza y me cuesta coger confianza, pero al menos siento que ya no me ven como un bicho raro.

Hoy como de costumbre hacía una noche estupenda, raro para la época en la que nos encontramos, aunque llevamos así todo el mes de Octubre. Baje y me puse a la faena. Estaban los habituales del lugar y yo. Ya me he agenciado el lateral, a mi no me molesta ponerme allí y ellos lo aprueban. El ambiente esta vez no era hostil, todo lo contrario, era distendido. Las anécdotas, cachondeos, cotilleos y demases eran el hilo musical de hoy. Yo en ningún momento fui parte activa, tampoco quería pecar de extrovertido, pero se me pasó el tiempo volando disfrutando de la escucha.

La verdad es que es una verdadera gozada disfrutar de momentos así. Así debería de ser siempre, sin rivalidades ni hostilidades, esto es la esencia de la pesca. Para redondear la noche obtuve un par de capturas de calamares de buen porte, que más se puede pedir?. Espero que a partir de ahora esta sea la tónica.


Un Saludo y Buena Pesca!

viernes, 3 de octubre de 2014

Vuelta a dar guerra con la mejor compañía del mundo

Se presentaba una tarde-noche muy agradable, así que aproveche, y llevé a mi piratilla conmigo

Hoy teníamos todo a nuestro favor. La hora de la marea, la ausencia de viento y la temperatura eran propicias. Ya hacía días que el pequeñajo me venía insistiendo en que quería compartir horas de pesca conmigo. A mi ganas de llevarlo no me faltaban. Así que preparamos la merienda, cogimos nuestras cosas y bajamos al muelle.

Llegamos al lugar y esperaba encontrarme con un recibimiento hostil como anteriormente. Salude como es de recibo y presumía la callada otra vez por respuesta. Esta vez no fue así. No se si la coraza de los recios corazones de esta gente se vio ablandado por la ilusión de un crío de 6 años, pero esta vez si, esta vez alguno de ellos se percataron de nuestra presencia y devolvió el correspondiente saludo. Hubo alguna mujer que hasta entró al trapo e interactúo con el peque animándolo y jaleándolo para que tuviese buena pesca.

Nos pusimos al tema. Nos ubicamos en el lateral, esta vez no por hostilidad, sino más bien, para no entorpecer a nadie. Puse al peque sentado en la silla, yo le lanzaba y él recogía. Le fui explicando más o menos como debería de hacer, y él con toda su buena fe, intentaba seguir los consejos de su padre.


El tiempo fue pasando y comenzó a aburrirse, momento que aproveché para darle la merienda y que se entretuviese un poco deleitándose con unas ricas galletas de chocolate... "Papi! recoges una tu y una yo..", así lo hicimos. En uno de los lances, Zas! noto una picada. Procedí rápidamente a pasarle la caña.. "Recoge, recoge, que creo que hay algo!". El comienza a recoger y también lo nota. Con la emoción traía la lura como un fórmula uno acuático. Le indico que recoja seguido, pero más despacio. El asiente y procede.

En el momento que el cefalópodo asoma la cabeza por la línea de flotación y empieza a escupir agua al viento, el peque se viene arriba... "Mira! mira!! un pezzz!!!". Poco a poco lo arrima a la pared del muelle y me encargo de subirlo y posarlo en nuestro cubo. Se pasó diez minutos observándolo en tierra, asustándose cuando el animal intentaba escupir, pero maravillado por su color y movimientos. La verdad, es que lo comprendo, son unos animales preciosos. Su curiosidad por el ejemplar se iba extinguiendo a la par que la vida del calamar hacía lo propio.

Proseguimos con nuestro maratón de relevos de lances. En uno de estos me comenta "Papi! tengo peso en la caña!". Observo el puntero doblado y le aconsejo que vaya recogiendo como anteriormente. Finalmente logramos sacar otro bonito ejemplar. Cuando la emoción de la captura se diluyo, su paciencia se agoto, no suele tener mucha para este tipo de eventos, así que recogimos todo y volvimos a casa.

Fue una noche estupenda, agradable y con la mejor compañía del mundo. Al llegar a casa hicimos la foto de rigor con las capturas y esperamos repetir la experiencia próximamente.


Un Saludo y Buena Pesca!