lunes, 1 de octubre de 2018

Lubinas desde embarcación

Hace tiempo que quería tentar a las lobas desde el cascaron. Pude disfrutar de un ratito memorable.


Desde que me adjudique "la perla" a principios de año, y después de darle unos cuantos paseos por la ria, me decepciono bastante la experiencia. No se si es por que el mar por esta zona esta podrido, o por que la autonomía de mi juguete es mas bien escasa limitándome bastante el radio de acción, o simplemente, por que soy un imberbe marinero, carente de horas de mar, que solamente da palos de ciego... la vivencia ha sido casi traumática.

Bastantes fueron las jornadas en las que me he marcado sendos bolos. Por insistencia y actitud que no fuese. Horas y horas dando vueltas entre las bateas, arenales y roquedos cercanos, probando todo tipo de artes y cebos disponibles, y siempre con el mismo resultado. Lo único "decente" fue la búsqueda de chocos, un tipo de pesca en la que me defiendo, pero con unas cifras irrisorias para lo esperado. Dado el éxito alcanzado, decidí dejar de lado este tipo de pesca, y aparcar el navío indefinidamente en el puerto.



Pero el verano se termino y volvemos a la rutina. Demasiado tiempo libre, el ansia por pescar y unas mañanas agradables, han sido el detonante para que quisiera volver a surcar estos bravos mares y volver a probar fortuna. De todo lo testado, me faltaba el spinning embarcado. Durante estas semanas he ido recopilando información de los autóctonos para tratar de averiguar que lugares son los mas propicios para encontrar a las escurridizas labrax. Escuchando a unos y a otros, más o menos me he ido haciendo a la idea.



La semana pasada decidí poner en practica lo aprendido y  lanzarme al mar. El agua cristalina, un norte desagradable, y millones de latiguillos y alguitas merodeando en la superficie, hicieron la experiencia caótica. Me recorrí todo el litoral que la autonomía de la batería me permitía. Note en ocasiones como era blanco de muchas miradas, ya que al estar cerca de costa, pegado a un paseo atestado de gente con sus críos y sus perros, un tío alto como yo, de pie, en un mini cascaron flotante, debía resultar cómico. Pero yo andaba a lo mio. Más de dos horas lanzando sin noticia al final del sedal. Las dudas me asolaban. Estaría usando la técnica adecuada? estaría moviendo el señuelo con efectividad? estaría yendo a la velocidad correcta?.. la verdad que mi mente estaba asolada por un batiburrillo de indecisiones.



Finalmente cuando la hora se me echaba encima, puse rumbo a mi lugar de atraque. Por el camino aproveche y seguí realizando lances. En uno de estos, tilin tilin, una picadita. Nada del otro mundo, pero me hacia ilusión por ser la primera. Tres o cuatro tirones y se acabo quedando por el camino. Continué mi marcha, y en otro de los lances, Zas! otra picada. Esta vez era bastante mas decente. La voy trayendo y peleando con ella, pero justo cuando la tengo a los pies de la embarcación, va, y se suelta. Al menos le pude ver la cara, era una lubina medianita. Que le vamos a hacer, pero lo mas divertido me lo había dado, una lucha muy decente. Según me aproximo a mi meta, y el sol desaparece del firmamento, realizo las ultimas tentativas pegado a un pantalán. Locura inmediata. Varias picadas y dos lubinetas que logro subir a bordo. No dan la talla y son devueltas al mar con la satisfacción de haber conseguido mi objetivo. Un marinero que se acerca a atracar su barco a susodicho pantalán, me comenta que alguna hay, pero que son muy pequeñas. Es casi de noche, aparco el artilugio y me despido con un sabor agridulce. Una vez en tierra, algún veterano se arrimo para curiosear. Miradas de escepticismo e incredulidad se dibujaban en sus caras cuando les comentaba que estaba tentando a las lubinas con vinilos. A esta gente les quitas del camarón vivo o la miñoca y parece que les hablas en chino. No lo niego, seguramente su sistema sea mas efectivo, pero para un servidor, la gracia esta en engañarlas con un señuelo.

Hoy, después de la jornada vivida la semana anterior, tenia intención de volver a intentarlo. La experiencia me había gustado y tenia la esperanza de que pudiese mejorar los resultados. En esta ocasión iba a probar fortuna al amanecer. Hasta las nueve no podía echarme al mar, por el horario escolar de mi hijo, pero mejor eso, que nada. El aspecto del agua me gustaba. Turbia, revuelta, juguetona. El viento seguía bastante presente. Pues nada, armado el navío, me puse en faena. Primeramente me acerque a la zona que el otro día me había dado las dos capturas. Nada. Ni señales de vida. Tras diez minutos de tentativas infructuosas, puse rumbo a otra zona que me habían aconsejado los expertos lobos de mar de la comarca. Ya en el primer lance, sendos toques en el vinilo. Me vengo arriba y pongo toda la atención posible en el armamento que llevo entre mis manos. El viento reinante se afana en desviar mi posición y lucho a golpe de motor para poner la embarcación en el sitio deseado. Segundo lance y premio. Pelea honorable y la loba en cubierta. Sigo con el carrusel de lances y en todos ellos denoto actividad. En uno de ellos, justo en la caída, zambombazo. Otra preciosa lubina me agracia con un momento espectacular. Continuo rastreando el lugar, los toques al vinilo y las persecuciones son palpables. Tras varios minutos, otra labrax sube a bordo. Me lo estoy pasando pipa, disfrutando a tope. Después de peinar la zona varias veces, y comprobar que la vorágine pescantil va en decadencia, me traslado a otra posición cercana.


La actividad continua. Varios toques me alertan de la posibilidad del triunfo. En una de las tentativas, Zas! picada y lucha. En esta ocasión me quedo atónito al comprobar que cuando voy acercando la lubina al barco, tres o cuatro más vienen en corralillo detrás de ella. Desanzuelado y a seguir probando suerte. Algún toque mas, pero nada que llegue a tensar el sedal. La acción se frena y vuelvo a cambiar de caladero. Voy tanteando, y en alguna ocasión, unas cuantas mini tallas vienen en procesión tras la gomita, pero ya con esa actitud recelosa digna de este pez tan desconfiado. Lorenzo se deja ver y sus rayos comienzan a perforar las aguas. Se que ha llegado el momento de retirarse.


Fue una hora memorable, divertidísima, en la que he disfrutado como un enano. Ha sido la primera vez que me he alegrado de comprarme la chalana y realmente sacarle provecho. Finalmente cuatro lobas que daban la medida se vinieron conmigo de vuelta a casa. Como apunte, decir que al día siguiente, con el hype por las nubes, volví a probar suerte. En esta ocasión la mar estaba tirada y cristalina, había cambiado el cuento. Como resultado, otro bolo. Que le vamos a hacer. Se ve que para dar con ellas, y engañarlas, hay que ir en condiciones muy concretas. Al menos me queda el alivio de saber que poder se puede, solamente hay que saber cuando hay que botarse al mar para tentarlas. Personalmente es un arte que me llena, me gusta el spinning, navegar costeando y salir en busca de lubinas, lo tiene todo. Me queda la ilusión que me ha infundido esta experiencia. Anhelo encontrar otra mañana idónea para lanzarme a por ellas.



Un Saludo y Buena Pesca! <º))))><

viernes, 14 de septiembre de 2018

Rememorando viejos tiempos

Después de dos semanas infructuosas, tuve la oportunidad de vivir una buena jornada en busca de los queridos calamares.

Las vacaciones han concluido. Es hora de cambiar el chip y centrarse en la pesca urbana. Durante estas dos ultimas semanas he salido todos los días a dar un paseo, caña en ristre, para tentar las diversas especies que pueblan estos mares. Aparcando los paseantes que tan divertidos momentos me han dado, me he enfundado los vinilos. En estas aguas los primeros son muy complicados de utilizar debido a la altura desde la que se pesca, y los segundos, son de uso obligatorio. Aun así, tengo pendiente poner alguna labrax en seco con esos juguetitos zizagueantes.


El primer día, después de un par de horas de testeo de mis spots habituales, obtuve premio. Tras uno de los lances, una sombra muy decidida perseguía la gomita. El problema fue que me quede sin agua, y ella sin merienda. Después de un par de intentos más, la loba acertó de lleno, y logre ponerla en seco. Nada fuera de lo normal, una lubina medio kilera, pero que me alegro sobremanera al tratarse de la primera post vacacional. Sinceramente no contaba con ella, el agua estaba transparentísima, la marea era mala, y no hacia ni pizca de viento. Pero bueno, fue uno de esos escasos momentos en los que no cuentas con nada, pero la pesca nos agracia con alguna sorpresa.


El resto de los días se resumen en: bolo tras bolo, capote tras capote. El mar por estos lares, tras dos meses, sigue en las mismas. Idéntica sensación. Muerto, agónico. Apenas se vislumbra vida pululando por sus fondos. Decidí diversificar mi tiempo dedicándole un rato al amanecer a la búsqueda de labrax y otro rato al anochecer en búsqueda de cefalópodos. Lo único destacable, amen de la ya comentada lubina, fue la picada de un pinto de buen porte, que tras varios minutos de jugueteo con el vinilo, decidió hincarle el diente. Para mi desconsuelo, se cobijo detrás de una roca, y acabo partiendo el bajo. Lo que más me dolió fue haberlo dejado con el piercing clavado en sus morros. Que le vamos a hacer, cosas de la pesca.


En cuanto a los cefalópodos, varias noches fueron las que baje al muelle. En ninguna tuve ocasión de experimentar el ansiado tirón al final de la linea. Observe a algún compañero sacar algún ejemplar, pero muy esporádicos en el tiempo. Vamos, que seguíamos como estábamos. Pero para mi gozo, hoy fue distinto.

Cuando llego la hora establecida, recogí mis bártulos y me dirigí al muelle. Allí se personaba uno de los veteranos, charlamos un ratito, y nos pusimos en faena. Al  rato saca el campano. Poco después, tras un par de tira y afloja, logro capturar el primer calamar de este otoño. Me alegre bastante. Entre mientras comentábamos como antaño en ese momento del día, el solpor, realizábamos bastantes capturas, algo imposible en los momentos actuales. Cuando Lorenzo se echo a dormir definitivamente, cambie de posta. En el muelle se fue personando algún pescador más. El mar estaba tranquilo, apenas una brisa acariciaba nuestras caras y la corriente era la única que le ponía algo de salero al asunto.

De repente, las condiciones cambiaron. El agua se comenzó a agitar y el viento quiso dejarse notar. Después de mas de media hora en el mismo sitio, sin noticia alguna de nuestros amigos gelatinosos, comencé a notar su presencia. Algún toque y enganche infructuoso, dio paso a picadas continuas. Los chascarrillos habituales en el muelle se silenciaron. Todos estábamos concentrados en nuestras cañas. Fue una pasada. En cada lance tenias esa hermosa sensación de que podía haber algo merodeando tu señuelo con ansias de atacar. Estaban allí, habían llegado. Uno tras otro fui poniendo rápidamente en seco a los amigos invertebrados, sin perder comba, concentrado al máximo, y disfrutando cada picada, como si fuese la última. Pero la vorágine no acababa. No daba crédito. Seguían saliendo a secano. Llegue a contar cinco lances consecutivos con premio. Tras media hora de locura pesquera, la actividad ceso en seco. Sinceramente me lo pase como un enano. De regreso a casa me vinieron a la mente aquellos momentos que hace años los llamábamos "los quince minutos de gloria" muy habituales por aquellas fechas, inexistentes hoy en día. Ese ratito de alegría, adrenalina y excitación pescantil, me trasladaron al pasado. El recuento al llegar a casa fue de 19 ejemplares que colmaron mi expectativas con creces, y me regalaron una jornada muy entretenida como no la había tenido desde hace mucho tiempo en esta modalidad de pesca.


Un Saludo y Buena Pesca! <º))))><

sábado, 1 de septiembre de 2018

Resumen temporada 2018 - Para olvidar

Finalizo la temporada estival con mas frustración y desengaño que otra cosa.


Este año ha sido horrible. Ya el anterior había sido nefasto, pero lo del presente no tiene nombre. Después de un largo invierno asolado por temporales permanentes, un servidor tenia la paupérrima esperanza de que tanto ajetreo climático empujase algunos ejemplares a la costa. Iluso de mi. Nada de nada. No siendo alguna jornada salvada por alguna valerosa lubina o algún osado calamar, el resto fue agua de borrajas. He mantenido la esperanza de que mi querida isla me ofreciese la acción que tanto anhelo. Que equivocado estaba esta vez.



Al principio a Spinning alguna pieza digna de recordar se columpio al final de mi sedal. Esa jornada, y otra en la que me hice acreedor de nueve mini lubinas en menos de una hora, ha sido lo único destacable este verano. El resto se resume en pateadas, pateadas y más pateadas con ningún resultado. A todo esto hay que sumarle los madrugones intempestivos que un servidor odia sobremanera. Todo esfuerzo y sacrificio sin recompensa alguna. Para mas inri, la mayoría de las veces iba solo de paseo, ya que mi compañero de fatigas, Ángel, estuvo trabajando este verano, y entre el cansancio, y la falta de tiempo, apenas disfrutamos de horas juntos por el pedrero. Tampoco ha ayudado para nada el estado del clima. La mayoría de los días soplando de oeste o sur, algo muy perjudicial para la pesca en esta aguas. El mar cristalino el 95% de las ocasiones hacia prácticamente inútil las tentativas en esta modalidad. Eso si, en vista de la nula actividad, me he dedicado a sacar algunas bonitas instantáneas de la zona que quedaran para el recuerdo.






La veces que tente el Surfcasting me desmoralizaron hasta el punto de dejarlo aparcado indefinidamente. Entre los millones de trabas que te ponen los autóctonos para la recolección de cebo y la inexistente actividad acabaron con mi paciencia. Mención especial quiero hacer a los denominados "Policías Rurales", chulos con uniforme que se creen los amos del mundo y lo que merecían eran un par de hostias bien dadas. Muchos encontrazos con estos tipejos que no hacen mas que poner trabas y amenazar por el simple hecho de estar ejerciendo tu derecho, que para algo pagamos nuestra licencia religiosamente.La falta de educación, y la notable grosería de estos despojos humanos, denotan un coeficiente intelectual ínfimo. Esta claro que a cualquier subnormal lo enfundas en un uniforme y se cree el puto amo. Putos retrasados es lo que son. Volviendo al tema del surfcasting, esta la cosa tan mal, que hasta gente como Rafa o José que llevan toda su vida dedicando su tiempo de ocio a esta hermosa actividad, lo han dejado por imposible. Muchísimos bolos consecutivos han minado la moral de todos en estas aguas que otrora siempre dejaban jornadas entretenidas y momentos inolvidables.



Lo único salvable ha sido las jornadas que dedicamos al choco. Tuvimos capturas, pero no sin dedicarle mucho tiempo, sudor y lagrimas. Quedamos muy lejos de los números que atesoramos el año pasado, pero aun así, fue lo único decente de este misero verano. Los miles de trasmallos que adornaban la costa a principio de temporada no auguraban nada bueno, no obstante, con tesón y cabezonería, logramos poner algunos cefalópodos en seco. Otras dos mañanas también las disfrute llevando a mi peque y mi sobrina a pescar lorchos. Lo pasaron pipa, y yo con ellos.




Cuando volví de las vacaciones fui de visita a mi muelle habitual. El ambiente reinante era de pesimismo total. Las jornadas salvables en todo el verano se contaban con la mitad de los dedos de una mano. Que tristeza. Pocos pescadores quedan ya, la mayoría han abandonado impregnados por el amargo aroma de la desesperación y la desilusión. Los que se personan allí, simplemente van por preferir usar su tiempo al lado del mar, que malgastarlo en casa viendo la caja tonta, amen de atesorar aun la esperanza de que algún día esto cambie. No voy a hacer mención a las posibles causas de este sinsentido, en otras entradas ya expuse mi punto de vista sobre la situación actual, pero las cosas están como están y no hay manera de cambiarlas. Aun así me siento optimista. He aprendido a no contagiarme de los desánimos ajenos y seguir mi propio instinto. Todo lo vivido este verano me ha servido para valorar una simple picada.


Ahora toca volver al spinning urbano y la tentativa de cefalópodos desde el muelle. Sinceramente lo echo de menos. He acabado hastiado de las pateadas y los madrugones en vacío. Me apetece un poco de relax y comodidad. Sera que me estoy haciendo viejuno, y mi umbral de sacrificio, se va desplomando. El haber tenido un verano tan horrendo, donde pensaba que podía triunfar, me ha motivado sobremanera para tentar suerte por mi zona, y me ha ayudado a valorar lo que tengo al lado de casa. Ademas me considero un poco mas experto para saber donde y cuando probar suerte. Se vienen por delante unos meses muy ilusionantes en los que espero sacar algo de provecho.


Un Saludo y Buena Pesca! <º))))><

lunes, 18 de junio de 2018

La tristeza del mar

Hoy tras varias semanas de descanso del egging decidí bajar al muelle 


Hacia tiempo que no dedicaba una jornada a los cefalópodos. Últimamente pasaba mis horas de pesca pululando por todo el litoral en busca de alguna lubina o algún pinto a spinning que me alegrase el día. Hoy las condiciones de marea era más que aceptables para la captura de algún calamar o choco, y para que negarlo, me apetecía estar un rato anclado en el muelle en busca de estos depredadores. También quería aprovechar y saludar a los compañeros de pesca del lugar, ávidos cazadores de estas especies, y fundirme en sus anécdotas y chascarrillos.

A la hora adecuada, puse rumbo al muelle. Cuando llegue observe que las condiciones eran muy favorables.. pero para la lubina. Un viento intenso del noroeste hacia mover con gracia el turbio mar. No me pude resistir y lo primero que saque a pasear fue una gomita en espera de algo de acción. Tras varios lances hizo acto de presencia otro compañero lubinero. Intercambiamos información y opiniones, tras lo cual, decidí dejar descansar los vinilos y ponerme en faena a lo que realmente había venido a hacer. Me comento que llevaba casi dos horas peinando la zona y solamente tuvo dos ataques de alguna lubineta que no estaba muy por la labor. Pues nada, cambie de armamento y me dirijí al muelle.




A mi llegada, los saludos protocolarios y vaciles pertinentes. Alguno se intereso por mi ausencia últimamente y le comente que estaba mas centrado en el spinnig. Me dijo que era lo mejor que podía hacer, por que los cefalópodos estaban completamente desaparecidos. Pues nada, monto la caña y me pongo al lió. El mar estaba precioso, revuelto, movido. El aire rozaba el limite de lo permisible para este tipo de pesca, y en ocasiones, alguna racha endemoniada hacia tedioso el lance. Me puse en faena dispuesto a disfrutar de un par de horas de esta modalidad. Según avanzaba el tiempo, y el sol se iba a dormir, la presencia de nuestros amigos depredadores gelatinosos era nula. Yo tuve fortuna. En una de las recogidas, un chipirón crecidito, decidió abrazarse a mi señuelo. Fue una nube de verano. No hubo nada mas.

Según iba avanzando la noche el pesimismo, ya de por si instaurado en estos bravos pescadores, se hacia demoledor. Todo el mundo se afanaba en intentar que algo vivo hiciera caso a su engaño, pero sin resultados. El desanimo y la desolación caían como una losa encima de nuestras cabezas. Por unos instantes me vino a la mente los tiempos en los que bajaba con toda la ilusión del mundo, impregnado por el ansia de capturar algún ejemplar y motivado a tope. En el muelle, de aquella, se respiraba ese ambiente en todos los allí presentes. Esas jornadas en las que siempre tenias algo de acción, y esa ilusión, te mantenía entretenido y atento durante horas. Esos momentos que les llamábamos "los diez minutos de gloria" en los que todos pescábamos algo y teníamos un rato intenso de diversión. Recordé como había que "madrugar" para coger sitio para poder posicionarte en un buen lugar para pescar. Hoy en día casi no queda nadie, esta prácticamente vació. Quedamos cuatro pelagatos que se acercan por su amor incondicional e irracional a este hobby. Que tristeza.

Poco a poco, los escasos pescadores, van desfilando. Decaídos, resignados una noche mas. Gente que en otrora alargaban sus jornadas a cuatro, seis, ocho horas...en apenas un rato se daban cuenta de la cruel y cruda realidad, y decidían poner fin a este duro sufrimiento. La verdad es que por desgracia era lo mas coherente.. retirase. La sensación era la de estar pescando en un pozo negro, en una piscina, en una cloaca. No había vida en el agua. Sinceramente me impacto observar la pronta retirada de estos expertos en la materia. Personas con las que he compartido horas y horas de pesca, momentos divertidos, ilusionantes, grandes capturas, se marchaban silenciosamente con el pesimismo inyectado en sus miradas. Uno de los veteranos me comento "ya el año pasado fue malisimo, lo de este no va a tener nombre".



Yo me quede un ratito mas. La noche estaba agradable, cálida. Mientras quemaba un electrodo, di un paseo por la zona observando el mar. Solamente el algarabío de los indestructibles mujeles daban algo de viveza a estas aguas agonizantes. Tenia la esperanza de que con la llegada del sol, el buen tiempo y la subida de temperaturas, esto mejorase. Para nada. Ni lubinas, ni chocos, ni calamares, ni rinchas... desolación, solamente desolación. El mar esta triste, muy triste.



Un Saludo y Buena Pesca! <º))))><

domingo, 3 de junio de 2018

Inicio surfcasting 2018 deprimente

Primera tentativa del año que defraudo sobremanera, menos mal que las lubinetas me alegraron el finde.


Este fin de semana lo tenia tachado en el calendario para comenzar con el Surfcasting. Sinceramente sabia de antemano que seria una jornada pobre ya que el estado de la marea, viento y ocaso no auguraban buenos resultados. Aun así tenia mucha ilusión por clavar las cañas en la arena y estrenarme con el primer ejemplar, aunque fuese una mini talla para su suelta posterior. El sábado por la mañana fui a recolectar cebo con bastante ilusión y alegría. Me acompaño mi padre, el cual venia con el mismo propósito que yo. Al final lo de siempre, tuve que coger cebo para mi y para el, ya que aunque le pone empeño y esfuerzo, no le da xeito a esto de coger miñoca. Yo trato de explicarle la técnica, pero es tan cabezón que no quiere aprender.

A todo esto, esa misma mañana Ángel y un servidor madrugamos para dar una vuelta a spinning. 6:30 de la mañana, casi me da un patatús, y más, contando que me quede dormido sobre las 3:30. La jornada para mi compi no estuvo nada mal, cogió su primera lubina kilera del verano y dos mas pequeñajas que fueron liberadas ipso facto. Yo, después de machacar el litoral con el patchinko y no obtener resultado alguno, estuve probando varios paseantes, y la imitación de Aliexpress del Asturie, me agracio con una lubinita que fue devuelta al mar.

Cambio de tercio al surfcasting. En el ocaso puse rumbo a la playa. La noche estaba desagradable. Un viento de sur bastante frió, mas propio del final del invierno, que de las postrimerias de la primavera, nos castigaba. Para mejorar la situación, a los pocos minutos de montar el tinglado, una poalla machacona hacia acto de presencia, empapándonos lenta, pero inexorablemente. No se estaba a gusto, la verdad, pero la ilusión de conseguir mi primera pieza del año, me tenia anclado en la arena. Según se asomaba la noche, Rafa y José se iban cobrando las primeras piezas. Alguna lubina que rozaba la talla, y unas cuantas mojarras muy decentes, eran puestas a bailar en seco. Mis cañas impertérritas, como si con ellas no fuese la fiesta. Ni una sola picada, ni un atisbo de vida que quisiera devorar el suculento manjar que les había brindado al final del sedal. Mis compañeros seguían a lo suyo, arrancando del fondo de las profundidades algún ejemplar de vez en cuando, eso les motivaba a seguir en faena. Un servidor, tras mas de una hora, y revisar el estado del cebo en varias ocasiones, seguía marcándose un bonito bolo. Este año quería probar otro tipo de montajes aprendidos vía Internet que por el sur suelen funcionar bien, pero visto lo visto, aquí el pescado prefiere lo clásico. Ademas la presencia de algas a ras de fondo, hacia mermar considerablemente el potencial de este sistema. Tras dos horas, y con el frió y la humedad comenzando a castigar duramente, decidí poner fin a esta pésima jornada inicial.

Cuando llegue al camping me encontré con Ángel. Había ido con Manolo a pegar unos lances a spinning, y la verdad es que no les fue nada mal. Mi compi había cogido una lubina de 1,200 grms., otra que rozaba el kilo, y dos pintos de talla media. Manolo por su parte se hizo acreedor de una loba que daba la medida. El lubinero tardo en arrancar este año, pero ya empieza a asestar sus primeros latigazos a nuestras amigas Labrax. Me alegro un montón por el, se lo merece y mucho. Me propuso que la mañana siguiente, si el clima, y sobre todo la lluvia, respetaba, nos levantásemos sobre las 5:30 para ir a dar una vuelta. Yo le desee las mayores de las suertes, pero me negué rotundamente a acompañarlo a esas horas tan intempestivas.

De madrugada me desperté inesperadamente a eso de las siete de la mañana. Mi subconsciente cabrón debía tener parte de culpa en todo ello. Pues nada, ya que me había desvelado, que mejor forma para empezar el día que darse una vuelta caña en mano por el pedrero? Así lo hice. Desayune, enganche el paseante a la grapa y puse rumbo a la playa. Probé en la zona que la semana del puente me agracio con alguna pieza decente. Nada. No había señales de vida en el agua. Como no estaba por la labor de pegarme la pateada padre hasta la zona que solemos frecuentar para la practica de nuestro amado deporte, decidí acercarme a una playa cercana que en alguna ocasión, y siempre con marea alta, nos había dado algunas alegrías. Como la altura del mar se encontraba dentro de los parámetros requeridos, era una buena opción.



Cuando llegue al lugar, las condiciones no me parecían las mas apropiadas, eso si, el cielo plomizo, ideal para estos menesteres, encapotaba el firmamento. Un mar plano y transparente no auguraba que hubiese acción. Que equivocado estaba. Mi primer temor eran las dichosas algas, muy persistentes y comunes en esta zona. Tras los primeros lances me alivio al comprobar la ausencia de estos fastidiosos lechuguines flotantes. Me pongo en vereda y compruebo que hay atisbo de vida en el mar. Tras varias persecuciones y ataques fallidos logro poner a la primera loba, bueno, lobita, en secano. La emoción y alegría me inunda. Le doy el pertinente abrazo de complicidad y la pongo a nadar de nuevo. Sigo con los lances y continuo teniendo diversión. Varias lubinetas son encandiladas por el atractivo seductor de mi paseante, y tras aprendida la lección, devueltas a su medio natural. En cuanto dejaban de picar en una zona, me desplazaba unos 50 metros, y volvían a la carga. Una pasada. Gracias al estado liso de la superficie, las persecuciones y ataques se contemplaban con total nitidez, haciendo que un servidor estuviese en éxtasis constante.Que gozada, como adoro pescar con el paseante cuando las lobas están de quiero. A eso de las 9, la actividad ceso a la par que el mar salia huyendo. Me acerque a un paisano que estaba pescando a fondo por la zona y charlamos un rato mientras quemábamos un electrodo o dos. Coloquio agradable con otro enfermo por el mar y la pesca. Me comento que apenas tuvo picadas y no fue capaz de hacerse acreedor de ningún ejemplar. Sin embargo yo pase dos horas estupendas consiguiendo nueve ejemplares, de los cuales, solamente dos reglamentarios se vinieron conmigo para el deleite de mi parienta. Disfrute de bastantes persecuciones, ataques fallidos y alguna que se engancho, pero quedo por el camino.

Cuando regrese me tope con Ángel. Como me comentara la noche anterior, había madrugado para ir de pesca. Se desplazo a la zona habitual, pero dado que no tenia buenas sensaciones, en apenas una hora decidió dar por finalizada la salida. Le expuse mi jornada y lamento que no le hubiese avisado. Sinceramente no sabia ni siquiera que estaba despierto. Una pena, momentos así en compañía, son mucho mejores, y mas con el, que vive tan apasionadamente este noble deporte.



Para mi hoy ha sido un gran alivio. Llevaba dos semanas haciendo spinning urbano sin noticias de las lobas. Me estaba empezando a ofuscar, a perder las ganas, a agobiarme, pero esta mini jornada me sirvió para recargar energías y volver a tener ilusión por esta modalidad. Como punto negativo, el surfcasting. Aun así conservo las expectativas intactas. Volveré a los montajes tradicionales de los bajos, tentare fortuna mas ocasiones, y esperemos, que la marea sea mas favorable las jornadas venideras.



Un Saludo y Buena Pesca! <º))))><